VENDIDO

 Pasaron dos cosas en el mismo día, a la misma hora, que explican todo.

A las 10 de la mañana, en el Ministerio de Economía, abrieron los sobres para vender AySA. La empresa de agua de todos los argentinos. La venden por 340 millones de dólares. Con toda la red, con todos los caños, con 11 millones de usuarios.

Después dicen que este gobierno no quiere que esté la gente adentro.

Dos horas después, la Auditoría General de la Nación confirmaba que el Banco Central, aquel que no dinamito Milei, perdió 1.023 millones de dólares. Mil veintitrés millones. El triple de lo que recaudaron vendiendo AySA.

 

¿Cómo los perdió? Timbeando. El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, usó el oro de las reservas para apostar en la timba financiera. Apostó que el oro iba a bajar. El oro subió. Y perdimos.

 

Acá surge lo que se ve en los medios que afines al Gobierno, ¿de qué hablan? Del temporal en Chile, del problema de la vivienda en España. Problemas serios, sí. Pero que los usan para no hablar de lo que pasa acá.

 

Este Gobierno se llena la boca diciendo que defiende lo privado. Que en lo privado todo funciona mejor.

 

Pero cualquiera que tiene una empresa, un kiosco, un taller, un negocio y tenés un empleado que agarra tu mercadería, se va a timbear, o peor timbea y pierde ¿Qué pasa?

 

Lo echan a patadas. No lo blindán como quiso hacer hasta hace unas semanas Milei.

 

Entonces acá hay dos opciones. O es un Gobierno de inepto que no podría trabajar en otro lado que no sea con la teta del Estado o saben hacer muy bien su trabajo y son corruptos. Para esto segundo habría que probarlo. Para lo primero, tenemos la auditoría de la AGN que dice que nunca, nunca en la historia del Banco Central, se había usado tanto oro para operaciones de riesgo.

 

Mil millones perdidos. AySA vendida por un tercio de eso.

 

Ni privatizando nos la vida recuperas lo que perdes por timbero.

 

Y mientras tanto insisten que el Estado no sirve. Que son la anti-casta.

 

Quiza sea verdad, para esto el Estado no debería estar. Y para tenerlo a Bausilis, el banco central sobra.

Pero lo que está mal es darle una navaja a un mono, ni los monos ni las navajas. Que exista el Estado y el Banco Central lejos de estos administradores.

 

Como hace cuatro años la campaña debería ser igual sólo que a la inversa. No a la casta.