ADIVINADOR ADIVINA

De repente en un paraje no muy lejano, una cotorrita se posó sobre un árbol. Era algo nuevo para todos los vecinos del lugar.

Quedaron encantadas con su plumas verdes y en lugar de espantarla le perdonaron que pique el árbol dejando a su paso suciedad en el piso que caía desde la copa.

Tal era la obnubilación que tenía el pueblo que festejó que cada vez eran más las cotorritas que llegaban a destrozar sus árboles.

Sólo cinco quedaron de pie unos años más tarde y la visita de los emplumados turistas ya era tal que parecían más locales que los vecinos originales.

Los niños nacidos allí ya lo tenían como parte del paisaje porque durante toda su vida habían visto los árboles arruinados por esta especie que en búsqueda de semillas, y flores dejan un tendal de ramitas incapaces de volver a florecer, o que algo crezca tras su paso.

Lo extraño fue lo que sucedió un día, ante la inacción de las personas un grupo grande de aves comenzó a tirar de las ramas con sus picos. Sin picar, sino haciendo el movimiento contrario empezaron a estirar hacia arriba el árbol que salió con raíz y todo, y así, las cotorraitas se llevaron volando el tronco.

El mismo procedimiento se repitió una y otra vez, y cuando sólo quedaban dos árboles en pie los vecinos se organizaron para no dejar pasar a las cotorras, cuando la vieron a lo lejos sonrieron como quien se cree con el poder de frenar esa avanzada.

Las cotorras se llevaron el árbol y la desesperación cundió entre la población que entendió que hoy venían por los árboles que daban sombra a las calles, pero si se lo proponían podían quedarse directamente con las calles.

Una mañana las vieron a lo lejos y ante la desesperación por no saber cómo frenarlas pero sí conocer el final de lo que iba a acontecer con su último árbol decidieron talarlo ellos mismos por miedo.

¿Qué es aquello que tiene raíces sólidas en el pensamiento nacional? Eso es visible gracias al paso del tiempo, a la consolidación. Algunas aves de paso vendieron ser la solución, y aunque venían de afuera se las quiso por novedosas, espejitos de colores que salieron caros.

Ante la llegada de advenedizos, ya no se espera que sean profetas los que saqueen lo nuestro, directamente talamos lo que queda y ya no hay outsiders que se disfracen sino que disfrazamos alguno sólo para no reconocer que nuestro árbol cayó antes que lo talemos.