Por semana, unas 150 notas que se escriben en medios argentinos tienen en su titular o en su cuerpo la sigla IA. Esto, obviamente, se puede saber fácil utilizando la inteligencia artificial para contar la cantidad de notas redactadas.
La noticia más reciente es la de la empresa que despide a sus empleados utilizando un bot (programa informático diseñado para realizar tareas automatizadas, repetitivas y predefinidas) para despedir gente.
Es decir que no va a reemplazar al empleado de la fábrica, para realizar tareas más pesadas en menor tiempo y sin descanso, sino que ya ocupa cargos administrativos como, por ejemplo, director de Recursos Humanos.
Hasta ahora, el sistema sigue los patrones que le brindan los seres humanos para definir a quién despedir, pero bien podría ser la propia IA la que defina según parámetros que establezca quién debe ser despedido, si es necesario contratar a alguien, o incorporar otra máquina. Día a día, la tiranía de los robots cambiaría el tablero laboral de quienes pueden fichar y quienes no.
Hace unas semanas, Ingenieros de ElevenLabs simularon una conversación entre dos bots. El primero llamaba a un hotel para hacer una reserva, y quién lo atendía era otra inteligencia artificial (dos cosas que ya suceden, el usuario que carga sus preferencias para las vacaciones en una IA y el que recibe las llamadas telefónicas suplantando a un recepcionista).
A los segundos de comenzar a dialogar entendieron (si se puede usar esa palabra para entes sin cerebro) que se trataba de dos inteligencias artificiales y decidieron cambiar el idioma, y entablar una conversación en un lenguaje paralelo sin emitir vocablos parecidos a ninguno conocido por los humanos.
Marcó un hito en los avances de este tipo.
La pregunta ya no es si estamos muy cerca o muy lejos de que ocurra una tecnocracia comandada por máquinas sino si van a dejar que eso pase.
Está claro que si se continúan con esos experimentos, la respuesta es que eso puede ocurrir en cualquier momento, pero quizá no dejen que eso pase.
No por bondad sino porque no es la idea.
¿Qué pasaría si los mismos bots que comprendieron que a META (por citar un ejemplo) no sólo le sobraban 5000 trabajadores, sino que puede gestionarse mejor sin Mark Zuckerberg?
El dueño quiere la herramienta para despedir gente, no para que lo despidan a él porque así sería más eficiente la compañía. Entonces, en lo que a los simples mortales respecta, podemos estar tranquilos que no se va a desmadrar el avance tecnológico, pero por otro lado, la intranquilidad llega porque todo avance de ser utilizado contra un sector de la sociedad será contra nosotros.
No pensar en el futuro del trabajo, ya no en los trabajos del futuro (que era de lo que se hablaba hace 15 años cuando se vislumbraban oficios que quedaban antiguos), es una ingenuidad.
El futuro del trabajo es de qué manera esto que ya estamos haciendo lo podremos continuar dentro de unos años.
¿En qué somos irremplazables?
No sólo por la cuestión económica, no todo tiene que tener un fin comercial, al menos eso lo podría entender alguien que no es una máquina.
Pero mientras no se dé un debate profundo seguiremos viendo el futuro con espejo retrovisor y el protagonismo siempre será de otro. Una burbuja que es necesaria de romper es la idealización de lo que vendrá.
Nos prometieron autos voladores y nos dió a Peter Thiel, Palantir, y el análisis de datos para colonizarnos.







