IDIOCRACIA

En reiteradas ocasiones el Presidente habla de IQ de las personas, es decir el coeficiente intelectual derivado de una medida estandarizada que percibe la inteligencia general, razonamiento, memoria y rapidez de pensamiento.

Este sistema encuentra múltiples fallas porque no tiene en cuenta el concepto emocional. De esta manera el empático puede tener menor IQ que quien recuerda muchos números de teléfono de memoria, siendo que uno es útil para su comunidad y el resto no.

Le sirve esto para añadir a su retórica de super genios incomprendidos, que no tienen suerte en el amor porque se ocupan de cosas más importantes como la “matemática”, por ejemplo.

Que sea una excusa de libertarios no significa que sea la verdad.

Si bien existen estudios retroactivos que ver cuánto era el promedio de IQ en cada civilización, se toma en tiempo presente desde principio del Siglo XX.

Década a década en promedio aumentaba 3 puntos el coeficiente intelectual, es decir que en promedio un adulto de la década del ´80 era 24 puntos más inteligente (según ese parámetro) que un adulto en el 1900. Son variadas las razones que le encuentran a esto, desde una mejor nutrición, hasta mayor cuidado de la salud, la universalización de la educación e incluso la iluminación artificial.

Pero por primera vez desde que comenzó el estudio, los adultos actuales tienen un menor índice que la generación que la precedió.

¿Somos más tontos?

Tomando como referencia este coeficiente si. Precisamente la generación de twitteros libertos que hablan de esta medida que poco importa en una comunidad son, en sus términos, más tontos que sus padres.

¿Pero a qué se puede deber?

Principalmente apuntan a la masividad de las pantallas, los celulares que tienen agenda, mapa, calculadora, cámara de fotos, despertador, calendario. A la sobreinformación, a internet que dispara constantes alertas, al poco análisis, a la exageración en la adjetivación, en los malos hábitos alimenticios, la comida cada vez menos nutritiva y más artificial, el sedentarismo.

Mario Pergolini sacó la cuenta en su programa que si el Presidente demoró un minuto en retuitear, cada posteo sumado los agregados que le hace a cada misiva de esa red social, demoró aproximadamente 17 horas pegado a su celular en Pascuas.

El día para todos tiene 24 horas, para los que tienen que trabajar 12 con la nueva Ley y para el Presidente que siendo generoso con lo que argumentó en el caso Libra (lo que sube en su cuenta lo hace como Milei y no como Presidente), destinó 17 a ser Milei y no cumplió ni siquiera 8 de Presidente, menos aún sin durmió que es básicamente lo que hacen los seres humanos.

Bajo cualquier punto de vista, el Presidente que más habla del IQ es el que más usa la herramienta que destroza el IQ.

¿Casualidad?

Ni siquiera da para pensar que hay detrás de esto un artilugio de dominación de la sociedad, el es un consumidor del mismo sistema embrutecedor. Lo fomenta porque es lo que lo potenció, como también puede ser víctima de la red. Que todo fagocita.

En el 2006 se estrenó la película Idiocracia en Estados Unidos, donde un soldado ordinario es elegido para formar parte de un proyecto de hibernación humana ultrasecreto del Ejército y despierta luego de mil años. A pesar de ser considerado una persona inepta en su época, ahora es el ser más inteligente del mundo.

Al ritmo que vamos, no hace falta esperar tanto.